Hombres y mujeres bravos, hijos de los bosques y hermanos de las fieras, los pueblos varik resistían mal los yugos. Cuando los señores de Valmir pidieron su apoyo, respondieron de inmediato.
Las guerras varik duraron doce inviernos. Amparados en sus espesas selvas, conocedores de las fragosidades del monte, las hordas varik y el ejército del rey se acosaron y se mantuvieron en jaque durante lunas interminables. Valmir nunca mostró su rostro. Pero, a espaldas del rey, tendió la mano a los rebeldes. Solo los clanes de los páramos, domadores de caballos, se mantuvieron fieles a su señor.
La paz se firmó cuando los prohombres de Valmir se cansaron de perder su oro en una guerra sin salida. Desalentados, los señores varik claudicaron y depusieron las armas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario